Pensé cobardemente cómo podía entregarte una carta o preguntarte el mail, porque se me olvida. Pensé en enviarte un mensaje al celular o simplemente decirte las cosas a la cara, pero heredé de ti lo cobarde, justamente. Y las ganas que tengo de escribir.
He escrito con rabia y con pena, he escrito con ese nudo en la garganta que se me hace cuando me dices "te quiero" al teléfono, he escrito con las ganas que tengo de decirte-más bien gritarte-todo lo que ha pasado por mi cabeza.
Nadie te dice como ser padre, eso está más que claro, nadie te dice cómo mantenerte en pie después de caer mil veces, tampoco hay un tutorial a seguir para curar un corazón mal atendido. Sé eso, pero a veces no entiendo qué fue lo que te impidió seguir con nuestra relación padre-hija que era-perdona si la mal entendí 9 años-perfecta.
Perdona si lo que digo para ti no tiene sentido, porque sé también que sufriste de una pérdida de memoria fatal, pero yo puedo recordarte algunas cosas si lo deseas, y puedo informarte también de cosas que no conocías, del lado B de la separación, del lado B de la mitad de mi corazón.
Pudiste preguntarme todas las tardes por mi día,
Pudiste obviar esos comentarios que hacían que la astilla en mi corazón se adentrara más,
Pudiste aguantar tus lágrimas en frente de mi infancia,
como también pudiste seguir actuando como mi papá en vez de utilizarme como tu fuente de información para saber del Mario y de mi mamá.
Realmente odié esos años.
No tienes idea de los daños que causaste en mi, la verdad es que pocos lo saben, porque no lo cuento, porque cada vez que te recuerdo es en forma fúnebre y melancólica, porque cada vez que me dices que me quieres o me amas mi garganta tiende a apretarse y una lágrima inquieta quiere salir, porque cada vez que me invitas, me prometes o me insinúas cariño como una niña de cinco años vuelvo a creerte, vuelvo a pensar: hoy día es el día en que va a volver. Porque te fuiste.
Aunque estás aquí, yo estoy aquí, estamos a menos de 3 metros de distancia, te veo y me ves, no sabes por lo que paso, no sabes por qué estoy triste o se forma una sonrisa en mi cara, no sabes de mis amores ni de mis desamores, no tienes idea de las tareas que me mandaron a la casa, no te imaginas lo mucho que me hiciste falta, ¿no dimensionas...acaso? Tus lágrimas hicieron agujeros directamente en mi pecho, cada vez que me prometías una tarde, una película, la más mínima cosa yo la usaba como excusa para volverte a creer, y durante 6 años me he mentido con que "esta vez si". Pero las pruebas dicen lo contrario y yo no voy a seguir mintiéndole a mi corazón.
He perdido un padre, te veo como a un niño, te la pasas jugando con tus herramientas, fumando como si comieras dulces, escribes como si fuera un video juego y gritas como un capricho que no se cumplió. Eres un niño, para mi. Pero no lo eres en verdad.
¿Te cuento un secreto?
A veces, (sólo a veces), me dan ganas de que me abraces y me digas lo mucho que me amas, me dan ganas de reírme contigo y de mirarte con la mirada ingenua que ambos tenemos, me gustaría poder contarte todo y que me apoyes, que me preguntes cosas que no tengan que ver con mujeres y un corazón, me dan ganas de que no tengamos la razón, me dan ganas de salir contigo y que opinemos estupideces, me dan ganas de que conozcas a mis amigos y que escribamos de lo mismo, que me integres en tus cosas y yo integrarte en las mías. No te voy a mentir ahora, me dan ganas de muchas cosas, pero tengo miedo.
Cuando me imagino la relación perfecta padre-hija que podríamos tener recaigo otra vez en lo mismo.
¿Y si me desilusiona de nuevo?
Te uso como metáfora. Eres una astilla.
Eres una astilla pequeña incrustada en un lado de mi corazón que pocos osan mirar, nadie más que tu puede sacar esa astilla, nadie más que tu puede adentrarla más. Cuando tiendo a olvidarte, la astilla tiende a pasar desapercibida, no me duele y ya que nadie la toca, puede estar ahí, no sangra, no te preocupes, solo sangra si prometes, dices, callas, haces un paso adelante y dos atrás, tres en falso y yo me apresuro en correr. Cuando tocas esa astilla, corro, me escapo porque, si te digo lo que me molesta tendría que desatar un nudo enorme de sentimientos encontrados y aunque yo lo desmienta: rencor.
Tus "te quiero" realmente me hieren, porque cuando te pones histérico yo dudo de todo lo que alguna vez me dijiste, quiero pegarte, me dan ganas de no verte más, ahí es cuando absurda y pendejamente digo que no tengo papá, ahí es cuando me pongo insegura y no solo te mando a ti, sino que mando a todos a la mierda. No me hace bien que me digas que me quieres si después con un grito tus palabras se desmoronan por la intensidad con que me tratas. Cuídame, para el lamento de algunos de mis días, soy tu hija y te quiero.
A pesar de todo, a pesar de que me miento y tengo en un vaivén de mierda, entre que te quiero y te odio, prefiero quererte porque, al final de cuentas...prefiero tener una relación no-relación, que nunca haberte conocido.
A pesar de todos los años malos, hay más años buenos, más risas y viajes, hay más besos y más celos de mi parte hacia mi madre, porque hubo más amor ahí que en cualquier otra época de mi vida, no me arrepiento de los nueve años que te entregué el 100% de mi, pero hay veces que lo veo como tiempo perdido y maldigo el día en que me hice tan cercana a ti. Pienso en que si no hubiese aceptado casarme contigo y no te hubiese amado tanto, tanto, quizás el día que te marchaste yo no me hubiese sentido tan confusa, quizás mi cuerpo hubiese temblado menos, quizás la vista no se me hubiese nublado, quizás no te miraría con una mirada fúnebre y no rechazaría tus abrazos.
No sé.
Si vas a recaer todo el tiempo, en el juego de los gritos y los te quiero...no juegues conmigo.
Deja que la astilla sane, o sácala de inmediato, por favor.
No olvides que cuando te fuiste tu corazón no fue el único que se rompió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario