martes, 24 de noviembre de 2009

¡Huevón me volé mucho!

Para los normales que vivían su vida sin revoluciones ni desencadenamientos no había música. Para nosotros, los que rompíamos-o tratábamos-todos las normas y esquemas posibles para construir una sociedad ínfimamente acogedora entre los que estábamos siempre contábamos con una melodía perfecta para emprender nuestro viaje y darle un acorde exacto a cada mirada, suspiro, gesto y palabra. Podíamos ponerle el efecto que quisiéramos a nuestros ojos para que la imagen se viera cuán psicodélica quisiéramos para agregarla a nuestra película.

Era nuestro mundo.

Algunos pensaban en la solución de sus problemas, otros se concentraban en las luces y sonidos tergiversados que adquirían los objetos y personas, la mayoría solo miraba los objetos mínimos por un largo periodo de tiempo y yo, por mi parte me solía enfocar a las miradas, sonrisas, movimientos e inquietudes de todo aquel que tuviese vida y sentido de la dirección.

Con nuestros dedos agarramos parte del boleto del avión y lo echamos lentamente en el papel para enrollar la sagrada mota. Con los dedos más vivaces pero sensibles envolvemos con precaución cuidando de no botar ni una sola pizca y nuestra temerosa lengua procede a sellar el pacto con nuestras alas imaginarias y simbólicas.

La primera inhalación viene con un tosido incluido,la segunda y la tercera, con una leve atoración, pero nada se les compara a la exhalación del humo de la santa madre. El centro del pasaje es la decisión final, con eso los colores e imágenes se distorsionan y nuestras mentes caen en un éxtasis tanto voluntario como involuntario. Los brazos se sienten ausentes y las piernas adormecidas, los ojos se nos cansan y la boca es una fábrica de saliva.

Por acto de la naturaleza estamos bien altos, decimos cosas que creímos imaginarias, escuchamos imágenes y veíamos sonidos, entramos en un trance al que nadie podía meterse si no era con un boleto limpio y sin engaños.

Sólo usando analogías, metáforas y palabras -raras- a mi parecer podía entender.





Nosotros

Volábamos


(...)
Pero
Nunca
Nos
Estrellamos

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