Suelo pensar a veces en las veces que te dije que nunca más te iba a llorar.
Suelo pensarlo, porque, a pesar de ti, yo si recuerdo, y no es excusa que ya no estés, debes extrañarme como yo te extraño a ti.
Extraño esas tardes, atardeceres y noches completas (o casi, casi completas) mirando estrellas, apuntando gaviotas y señalando nubes.
Extraño cuando me decías que la luna era de queso y yo te respondía que me cargaba el queso, pero tu me decías que era un queso rico, que ya lo habías probado y era distinto a todos.
Extraño cuando íbamos a la feria y nos instalábamos en el puesto de los raspes con una bolsa de monedas y ganábamos y perdíamos todo.
Extraño cuando inflábamos el bote y nos dormíamos en el a la orilla del mar.
Extraño hacer competencias de comida y terminar durmiendo.
Extraño...tantas cosas.
¿No quieres venir a darte una vuelta por aquí?
No vamos a hacer nada si tu no quieres, solo un atardecer en el mar, un día de verano que no haga tanto calor, y una conversación.
Hablaríamos de...llaves, de lo lindo que se ve la arena, de que te tienes que rasurar, porque tienes la pelada peluda y yo me ofrecería, pero me dirías que soy muy chica para andar usando custiones eleutricas.
Hablaríamos de la diferencia de clases, de lo rico que cocina la tita, de que pare de decir la misma palabra todo el rato, de que pucha que me creció el pelo...y hablaríamos también (de nuevo) del tuyo.
Hablaríamos de los colores, de mis futuras carreras, de la tele, tu programa preferido y los viajes que querría hacer.
Yo te preguntaría cómo estás, qué es de tu muerte. Cuándo fue la última vez que te pegaste un cabezazo. Te haría una encuesta de todas las cosas que jamás supe. Como por ejemplo cuál era tu mayor sueño, tu animal preferido y tu momento de la infancia que más recuerdas. Te preguntaría en qué trabajabas, porque para mi solo eras un hombre mágico que hacía camas y escritorios.
Te preguntaría qué amabas de tu madre y admirabas de tu padre, qué país te gustó más de todos esos centenares que visitaste, si alguna vez tuviste un amor de verano y si me puedes leer las últimas páginas de tu diario.
Te pediría, también, un abrazo de oso y una última siesta.
Un beso de tortuga y un poquito de paciencia.
Haríamos un pacto para no dejarnos nunca, y yo lloraría por no poder ir a visitarte.
A mi no me importa ella, no me importa si cocina exquisito, si hace la cama mejor que nadie, si está todo el día dispuesta a mi.
A mi no me importa si no tienes tiempo, si estás ocupado, si te vas y no vas a volver.
Yo te esperaría y me haría esclava de las horas, haría tu trabajo más fácil y estaría siempre con la esperanza viva de que enos tantos años más adelantes volverás o yo iré para ti.
Cuando era chica me dijiste que me llevarías a la luna, a la más alta estrella,
y a pesar de que te fuiste primero yo las miro celosas porque ellas te tienen y yo no.
Tu dijiste para siempre.
Yo siempre estaré pensando en ti.
Y nunca osaría en dormir en la guatota de alguien más, ni ver CSI ni hacer bromas así.
Feliz cumpleaños Patrick Doods.
Te amo tito, cabezón chinchón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario