jueves, 4 de marzo de 2010

No interesa si estoy enojada,
cuando me abraza me siento de cinco años otra vez, me siento débil e incapaz.
No puedo gritarle todo lo que quiero gritarle, no puedo pegarle todos los combos que se merece, no puedo porque me hace débil.
Su poder innato de ser un real imbécil me deja con un nudo en la garganta, pero no puedo llorar.
Lamento decir que te quiero, porque me aferra más a ti y a la esperanza que me amarra cuando me prometes algo.
Creo que aunque quiera nunca podré arrancarme la astilla que tiene tu nombre con el seudónimo de 'papá'.
Maldito sea el día en que te besé y te dejé entrar a mi vida.
Maldito sea el día porque era muy chica, una chiquilla que no sabía de bien y mal, que no conocía los parámetros de la vida y lo que significaba ser normal.
Maldito sea el día porque todo parecía estar tan bien.
Lo maldigo.

Mientras te ríes con tu simpático juego de dientes, has el favor de no prometer nada entre lineas,
la astilla suele salir por momentos pero cada vez que me dices "te quiero mucho" vuelve al mismo lugar de antes, deja que sane.