Me fue a buscar, nos reímos y me invitó a comer.
Me fue a dejar a la casa y usó el baño.
Le pedí, como vieja maña, que me mostrara su celular y ella a cambio me pidió un beso.
Hablamos horas, nos confesamos y luego nos besamos.
Fue el beso más largo en los últimos meses, me sentí en lo más alto de la galaxia, descubrí todas las palabras bonitas que le decía a una nueva distracción que tenía, y volví a quedar sepultada bajo tierra.
Le pedí que se marchara y usé como excusa la hora.
Me pidió que no la soltara nunca y le dije que ya lo habíamos hecho hace tiempo.
Luego nos dijimos que nos amábamos y le prometí verla el sábado, con el corazón roto.
Prendí unos cuantos cigarros y dejé que el humo de mi pecho empañara las ventanas.
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